miércoles, 8 de febrero de 2017

La Planta


El esparto (Stipa tenacissima L.) es una planta gramínea que puede alcanzar hasta un 1 m de altura. Crece de una base bastante ramificada formando cepellones o macollas llamadas espartales o atochares, y en las que, si no se cogen, suelen permanecer las hojas secas de años anteriores.  Sus hojas filiformes, muy duras y flexibles, enrolladas cilíndricamente, pueden llegar a medir hasta 50 cm. de largo y 1 mm. de diámetro. Las flores se disponen en panículas amarillentas formadas por muchas espiguillas que pueden llegar a alcanzar hasta 1,50 m. de altura la floración tiene lugar entre los meses de abril y junio. Crece en terrenos arenosos y pedregosos, estériles y áridos, y si a esto añadimos que necesita muy poco agua, comprenderemos porque es tan abundante en el sureste de la península Ibérica. Tiene un gran valor ecológico  ya que es una especie protectora de animales que impide la erosión de un ecosistema tan frágil como es la estepa ibérica y norteafricana.
El esparto, junto con el lino y el cáñamo, fue de las primeras fibras vegetales que el hombre desde la más remota antigüedad comenzó a utilizar para  fabricar prendas de vestir, enseres domésticos, útiles de trabajo y para construir sus habitáculos, como así queda constancia en los asentamientos neolíticos y en los enterramientos encontrados. Sirva a modo de ejemplo los enterramientos neolíticos encontrados en la “Cueva de los murciélagos” de Albuñol (Granda), o los de Galera, también en la misma provincia, en los que junto a esqueletos se han encontrado calzado, cestos de esparto y cuerdas.
El esparto, al ser una planta desconocida en otras zonas de Europa, atrajo hacia la península Ibéricas a los pueblos colonizadores del Mediterráneo. Con el auge de la navegación y la consiguiente necesidad de cuerdas, sogas y maromas para el manejo de las embarcaciones, nació una floreciente industria basada en la transformación del esparto en todos estos productos que demandaban pueblos marineros como los fenicios -que fueron sus introductores-, los cartagineses, los griegos y los romanos. Así también como cestería y tejidos trenzados para la minera y la agricultura. Durante la dominación romana, el esparto sería objeto de un intenso comercio que partiendo desde el puerto de Carthagonova (Cartagena) llegaría hasta todos los confines del Imperio Romano.
Lo que desde la Prehistoria hasta bien mediados el siglo XX fue una industria que daba trabajo a numerosas personas como alpargateros, cordeleros, hiladores, esparteros especializados en capachos, esteras, alfombras, maromas, sogas, útiles agrícolas  y doméstico etc., hoy día con la utilización masiva de las fibras sintéticas, de los plásticos y del caucho, por desgracia, son oficios prácticamente desaparecidos o llamados a desaparecer en unos cuantos años. Y es que en la mayoría de los pueblos que antes se dedicaban al esparto,  hoy día con los dedos de una mano se pueden contar las personas –todos ellos bastante mayores- que aún saben trabajarlo. Por eso, cuando el último espartero se vaya, se llevará con el todo un saber milenario que no vamos a poder transmitir a las siguientes generaciones. Por ello, aunque sólo sea a modo de testimonio, quiero detallar a continuación todo el proceso del esparto desde su recogida, pasando por su conservación y forma en que se trabaja, para terminar con un muestrario de los utillajes y utensilios más frecuentes que se solían confeccionar con este producto.