La recolección del esparto se lleva a cabo a finales del verano y principios del otoño. Los meses más propicios para realizar esta tarea son Agosto, Septiembre y parte de Octubre. Hay que ser precavido y recogerlo antes de que lleguen las primeras lluvias del otoño, pues éstas hacen que se le abra la hoja (que recordemos era cilíndrica) y se ponga plana como la de cualquier otra gramínea. Cuando la hoja se abre pierde resistencia y los objetos que se elaboran duran bastante menos. Además de que los bordes son bastante cortantes y es difícil de trabajar. El esparto no se siega, la forma correcta de cogerlo de la atocha o espartera consiste en juntar varias hojas o espartos (entre 20 y 30) y enrollar su extremo sobre un palillo pequeño, del que se tira con fuerza hacia arriba hasta arrancarlas de la mata. No es conveniente tratar de arrancar muchos a la vez porque cuantos más enrollemos al palito, más esfuerzo nos costará arrancarlos. De ahí el refrán castellano que alude a esto, y según el cual, “quien mucho esparto abarca, poco arranca”.
Estos espartas
que vayamos arrancando se irán juntando hasta formar pequeños hacecillos o manojos de tamaño de la muñeca, más o
menos, que se irán atando para su fácil manejo, transporte y almacenamiento. A veces,
después de este proceso, se incendian las atochas con los espartos secos e
inservibles que hayan podido quedar. De esta forma se consigue que el año
siguiente crezca con mayor fuerza y vigor.


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