Utensilios y aperos

    La labor del espartero ha sido siempre un trabajo bastante sacrificado, lento y mal remunerado que se llevaba a cabo, normalmente por la noche junto al fuego, una vez que se había terminado la jornada en el campo o en los días de lluvia que no se podía hacer otra faena. De esta forma se podía sacar una especie de pequeño “sobre sueldo” que vendría muy bien para complementar el exiguo jornal diario (si lo había). De ahí el refrán castellano que dice que “el que trabaja el esparto no morirá de hambre, pero tampoco morirá harto”. El tiempo idóneo para trabajar el esparto son los meses de otoño e invierno. Esto se debe a dos motivos fundamentales: el primero porque al haber más humedad ambiental (recordemos que el esparto para poder trabajarlo había que remojarlo entre 12 y 24 horas), éste se mantienen durante más tiempo hidratado y por lo tanto más flexible y fácil de manejar; el segundo motivo es que, durante este periodo de tiempo de otoño e invierno, la tareas que se realizan en el campo son mínimas y por tal motivo un tiempo optimo para dedicarse a hacer pleita. De ahí el dicho popular “en marzo ni migas ni esparto”, pues con la llegada de la primavera el tiempo se vuelve más seco y en el campo empieza a haber más faenas agrícolas.
 

Aguaderas: 
                   Por lo general se utilizaban para transportar  en su interior cántaros de agua (de ahí su nombre), aunque eran bastante versátiles y también se podían destinar a otros muchos fines. Las aguaderas estaban constituidas por cuatro compartimentos (llamados cujones), que se adaptaban a la forma y medida de los cántaros. Estos se unían dos a dos, y a la vez también se unía cada pareja mediante dos o tres tiras de pleita, de tal modo que dos aguaderas cayeran a un lado del burro, mulo o caballo que las iba a transportar y las otras dos del otro lado, quedando la pleita que las unía sobre el lomo animal. 

Serones: 
           Son como dos aguaderas pero mucho más grandes. Se colocaban sobre el lomo del animal de tiro y se utilizaba para el transporte de un sinfín de cosas: llevar el estiércol de la cuadra al campo, sacos de abono y grano, leña, productos de la huerta (sandías, melones, patatas, calabazas, maíz…..). Era el medio de trasporte ideal cuando había que llevar de un lado para otro productos que por su reducido volumen hicieran innecesario la utilización del carro.  



Capacho o Serijo: 
                             Estaba formado por un cilíndrico de pleita de 1 m. de altura aproximadamente,  con una tapadera en la parte superior cosida por un lado y que se cerraba con una cuerda, y con cuatro grandes asas que facilitaban su transporte cuando estaba lleno. Principalmente era empleado para el transporte de la aceituna desde el olivar al molino. Su capacidad estaba en torno a lo 50 Kg. de aceitunas. Cuando estaba vacío, en su interior se transportaban también las mantas o telones que luego se colaban debajo del olivo para recoger la aceituna que se iba vareando. 




Espuerta:

                Era una especie de canasto o cesto con dos asas a los lados. En función de las vueltas de pleita que llevaran, las había de distintos tamaños, aunque todas tenían la misma forma. A las más grandes se le llamaba esportón, y llevaba un mínimo de 6 vueltas de pleita. Esta básicamente se empleaba para transportar la paja desde el pajar hasta los pesebres de los animales, para llevar la aceituna hasta el capacho o para sacar el estiércol desde la cuadra hasta el muladar o estercolero, donde se iba amontonado a la espera de juntar la suficiente cantidad para llevarla (bien en el serón, bien en el carro) al campo para abonarlo. La mediana, que llevaba 4 vueltas de pleita, era la espuerta propiamente dicha y la más versátil,  pues se utilizaba para un sinfín de tareas agrícolas tales como recoger la aceituna, las patatas, las cebollas, las bellotas etc. También se utilizaba en la casa para contener y almacenar cereales y legumbres, como por ejemplo, trigo, cebada, maíz, garbanzos, lentejas, habas…. Y por último estaba la esportilla o esportillo, que estaba constituido por 3 vueltas de pleita y que utilizaba a modo de cesto para contener herramientas domésticas tales como martillos, alicates, pequeñas sierras, cepillo de carpintero, leznas, punzones, gubias, etc. A veces también se le daba el mismo uso que a una cesta y se le utilizaba para contener cerezas, higos, manzanas, albaricoques, e incluso para depositar los huevos que se recogían del gallinero.


Esteras: 
              Las había de distintas formas y tamaños (redondas, ovaladas, cuadradas, rectangulares). Se solían colocar a la entrada de la casa a modo de felpudo para limpiarse los pies y no ensuciar el suelo de la casa con el polvo, barro o agua que se pudiera llevar en los zapatos. También era frecuente encontrarlas al lado de la  cama  sustituyendo a la alfombrilla. Además, en las casas de las familias adineradas, hacían las veces de alfombra y se colocaban cubriendo el suelo del pasillo,  la cocina y el comedor para aislar del frío y la humedad. 

Pleita para el queso  o  cincho: 
                                           Era una tira de pleita terminada en un ramal que se enrollaba sobre si misma y en cuyo interior se ponía la leche cuajada para que se secara y escurriera el suero. Esa especie de requesón, una vez seco, y bien comprimido por el por la pleita, que esta fuertemente atada por el ramal, dará forma al queso. 

Sandalias: 
                 En yacimientos arqueológicos, junto a esqueletos, ya se han encontrado sandalias de esparto. Esto nos da una idea desde cuando se vienen utilizando. La suela de la sandalia se hacia mediante un ramal que se va enrollando sobre sí mismo en de manera ovalada hasta que se le da una forma y tamaño de la planta del pie. Una vez que se tenía la suela con el tamaño y la forma deseada, se le cosían unas tiras de ramales en las que se metían los dedos y el talón, pero ni que decir tiene que son bastante ásperas, de ahí el dicho: “de esparto, sandalias y bragas, sin ponértelas te harán llagas”, o ese otro: “más basto que unos calzoncillos de esparto”  


Forros o fundas de garrafas:   
         Esta labor se realizaba mediante una pleita de 5 ramos y se utilizaba esparto majado o machacado.
Una  vez hecha la pleita, se iba enrollando alrededor de la garrafa o damajuana y se iba cociendo para fijarla a la misma. De esta forma se forraban todo tipo de garrafas de cristal. Su finalidad no era otra que aislando su contenido del calor y evitar que, ante cualquier golpe imprevisto, pudiera romperse el vidrio. Para hacer más fácil su transporte se le solía poner un par de asas y una cuerda para colgarla del hombro.
Salvamanteles: 
                    Los hay de diversas formas y tamaños (redondos, ovalados, con forma de estrella etc.). Se colocan en la mesa y sobre ellos se ponen las ollas, cacerolas, cazos o sartenes recién retiradas del fuego. De esta forma se evita quemar el mantel. También se puede usar como posa vasos o como posa platos.





Soplete: 

            Era una especie de paipay  o “abanico chino” que servía para avivar el fuego. Era de forma circular y con un mango por el que se agarraba moviéndolo de un lado para otro para generar una corriente de viento.


 Escobilla:
                Servía para barrer la ceniza que se quedaba en el humero u hogar una vez que se consumían el fuego y las brasas. Algunas veces también se usaba a modo de brocha para encalar las paredes.

  






Capacha:

              Era una especie de bolso de pleita. Estaba formada por dos piezas: el cajón y la tapadera, que estaba unido a éste por una cuerda que hacía las veces de bisagra. En su interior se ponía la merienda para cuando se iba al campo a trabajar. Las había de dos tipos, una con la tapadera plana y otra con la tapadera inclinada en forma de tejado a dos aguas. Esta última era muy práctica cuando llovía, pues al estar inclinada, el agua corría por ella como si de un tejado se tratase y no penetraba dentro, manteniéndose así secos los alimentos que contenía en su interior. Al medio día, cuando llegaba el momento de la merienda, los hombres se sentaban en el suelo, abrían la capacha y se la colocaban entre las piernas para poder sacar la comida que traían. El hueco interior de la tapadera se utilizaba a modo de panera, de esta forma se evitaban tener que poner el pan en el suelo.


  Capacho de molino:
                            Era como una estera circular con un agujero en medio por el que se introducía el eje de la prensa del molino. Se ponía en la presa para contener la pasta que se formaba cuando se molturaba la aceituna. Se utilizaba de la siguiente forma: se ponía un capacho en la prensa y sobre el se echaba una capa de pasta de aceituna molturada, se ponía otro encima y otra capa de pasta, y así repetidas veces hasta llenar toda la prensa. De esta manera se formaba una especie de “sándwich gigante” de capachos de molino y de capas de pasta de aceituna.  Una vez hecho esto, se ponía a trabajar la prensa y el aceite iba saliendo por presión. Para evitar que los capachos de molino se impregnaran de aceite y se pusieran pringosos, antes de echar la pasta de aceituna sobre ellos, se introducían en agua caliente. De esta forma, al humedecerse el esparto, se evitaba que el aceite penetrara a través de las fibras y así siempre se mantenían limpios y sin grasa.


" Del ábrego y de ligas de esparto, no fiarse un cuarto".
"Calzoncillos de esparto, de escocerme la entrepierta estoy harto".
"Calzoncillos de esparto y te rascarás hasta quedar harto".
"En marzo migas no comerás y esparto no harás".

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