Aguaderas:
Por lo general se utilizaban para transportar en su interior cántaros de agua (de ahí su nombre), aunque eran bastante versátiles y también se podían destinar a otros muchos fines. Las aguaderas estaban constituidas por cuatro compartimentos (llamados cujones), que se adaptaban a la forma y medida de los cántaros. Estos se unían dos a dos, y a la vez también se unía cada pareja mediante dos o tres tiras de pleita, de tal modo que dos aguaderas cayeran a un lado del burro, mulo o caballo que las iba a transportar y las otras dos del otro lado, quedando la pleita que las unía sobre el lomo animal.
Serones:
Son como dos
aguaderas pero mucho más grandes. Se colocaban sobre el lomo del animal de tiro
y se utilizaba para el transporte de un sinfín de cosas: llevar el estiércol de
la cuadra al campo, sacos de abono y grano, leña, productos de la huerta (sandías,
melones, patatas, calabazas, maíz…..). Era el medio de trasporte ideal cuando
había que llevar de un lado para otro productos que por su reducido volumen
hicieran innecesario la utilización del carro.
Capacho o Serijo:
Estaba
formado por un cilíndrico de pleita de 1 m. de altura aproximadamente, con una tapadera en la parte superior cosida
por un lado y que se cerraba con una cuerda, y con cuatro grandes asas que
facilitaban su transporte cuando estaba lleno. Principalmente era empleado para
el transporte de la aceituna desde el olivar al molino. Su capacidad estaba en
torno a lo 50 Kg.
de aceitunas. Cuando estaba vacío, en su interior se transportaban también las
mantas o telones que luego se colaban debajo del olivo para recoger la aceituna
que se iba vareando.
Era una
especie de canasto o cesto con dos asas a los lados. En función de las vueltas
de pleita que llevaran, las había de distintos tamaños, aunque todas tenían la
misma forma. A las más grandes se le llamaba esportón, y llevaba un mínimo de 6 vueltas de pleita. Esta
básicamente se empleaba para transportar la paja desde el pajar hasta los
pesebres de los animales, para llevar la aceituna hasta el capacho o para sacar
el estiércol desde la cuadra hasta el muladar o estercolero, donde se iba
amontonado a la espera de juntar la suficiente cantidad para llevarla (bien en
el serón, bien en el carro) al campo para abonarlo. La mediana, que llevaba 4
vueltas de pleita, era la espuerta
propiamente dicha y la más versátil, pues se utilizaba para un sinfín de tareas
agrícolas tales como recoger la aceituna, las patatas, las cebollas, las
bellotas etc. También se utilizaba en la casa para contener y almacenar cereales
y legumbres, como por ejemplo, trigo, cebada, maíz, garbanzos, lentejas, habas….
Y por último estaba la esportilla o
esportillo, que estaba constituido por 3 vueltas de pleita y que utilizaba a
modo de cesto para contener herramientas domésticas tales como martillos,
alicates, pequeñas sierras, cepillo de carpintero, leznas, punzones, gubias,
etc. A veces también se le daba el mismo uso que a una cesta y se le utilizaba
para contener cerezas, higos, manzanas, albaricoques, e incluso para depositar
los huevos que se recogían del gallinero.
Esteras:
Las había de
distintas formas y tamaños (redondas, ovaladas, cuadradas, rectangulares). Se
solían colocar a la entrada de la casa a modo de felpudo para limpiarse los
pies y no ensuciar el suelo de la casa con el polvo, barro o agua que se
pudiera llevar en los zapatos. También era frecuente encontrarlas al lado de
la cama
sustituyendo a la alfombrilla. Además, en las casas de las familias
adineradas, hacían las veces de alfombra y se colocaban cubriendo el suelo del pasillo, la cocina y el comedor para aislar del frío y
la humedad.
Pleita para el queso o
cincho:
Era una tira de pleita terminada en un ramal que se enrollaba
sobre si misma y en cuyo interior se ponía la leche cuajada para que se secara
y escurriera el suero. Esa especie de requesón, una vez seco, y bien comprimido
por el por la pleita, que esta fuertemente atada por el ramal, dará forma al
queso.
Sandalias:
En
yacimientos arqueológicos, junto a esqueletos, ya se han encontrado sandalias
de esparto. Esto nos da una idea desde cuando se vienen utilizando. La suela de
la sandalia se hacia mediante un ramal que se va enrollando sobre sí mismo en de
manera ovalada hasta que se le da una forma y tamaño de la planta del pie. Una
vez que se tenía la suela con el tamaño y la forma deseada, se le cosían unas
tiras de ramales en las que se metían los dedos y el talón, pero ni que decir
tiene que son bastante ásperas, de ahí el dicho: “de esparto, sandalias y
bragas, sin ponértelas te harán llagas”, o ese otro: “más basto que unos calzoncillos de esparto”
Forros o fundas de garrafas:
Una vez hecha la pleita, se iba enrollando alrededor de la garrafa o
damajuana y se iba cociendo para fijarla a la misma. De esta forma se forraban
todo tipo de garrafas de cristal. Su finalidad no era otra que aislando su
contenido del calor y evitar que, ante cualquier golpe imprevisto, pudiera
romperse el vidrio. Para hacer más fácil su transporte se le solía poner un par
de asas y una cuerda para colgarla del hombro.
Salvamanteles:
Los hay de
diversas formas y tamaños (redondos, ovalados, con forma de estrella etc.). Se
colocan en la mesa y sobre ellos se ponen las ollas, cacerolas, cazos o
sartenes recién retiradas del fuego. De esta forma se evita quemar el mantel.
También se puede usar como posa vasos o como posa platos.
Soplete:
Era una
especie de paipay o “abanico chino” que
servía para avivar el fuego. Era de forma circular y con un mango por el que se
agarraba moviéndolo de un lado para otro para generar una corriente de viento.
Escobilla:
Servía para
barrer la ceniza que se quedaba en el humero u hogar una vez que se consumían
el fuego y las brasas. Algunas veces también se usaba a modo de brocha para
encalar las paredes.
Era una especie de bolso de pleita.
Estaba formada por dos piezas: el cajón y la tapadera, que estaba unido a éste
por una cuerda que hacía las veces de bisagra. En su interior se ponía la
merienda para cuando se iba al campo a trabajar. Las había de dos tipos, una
con la tapadera plana y otra con la tapadera inclinada en forma de tejado a dos
aguas. Esta última era muy práctica cuando llovía, pues al estar inclinada, el
agua corría por ella como si de un tejado se tratase y no penetraba dentro,
manteniéndose así secos los alimentos que contenía en su interior. Al medio
día, cuando llegaba el momento de la merienda, los hombres se sentaban en el
suelo, abrían la capacha y se la colocaban entre las piernas para poder sacar
la comida que traían. El hueco interior de la tapadera se utilizaba a modo de
panera, de esta forma se evitaban tener que poner el pan en el suelo.
Capacho de molino:
Era como una
estera circular con un agujero en medio por el que se introducía el eje de la
prensa del molino. Se ponía en la presa para contener la pasta que se formaba
cuando se molturaba la aceituna. Se utilizaba de la siguiente forma: se ponía
un capacho en la prensa y sobre el se echaba una capa de pasta de aceituna
molturada, se ponía otro encima y otra capa de pasta, y así repetidas veces
hasta llenar toda la prensa. De esta manera se formaba una especie de “sándwich
gigante” de capachos de molino y de capas de pasta de aceituna. Una vez hecho esto, se ponía a trabajar la
prensa y el aceite iba saliendo por presión. Para evitar que los capachos de
molino se impregnaran de aceite y se pusieran pringosos, antes de echar la
pasta de aceituna sobre ellos, se introducían en agua caliente. De esta forma,
al humedecerse el esparto, se evitaba que el aceite penetrara a través de las
fibras y así siempre se mantenían limpios y sin grasa.
"
Del ábrego y de ligas de esparto, no fiarse un cuarto".
"Calzoncillos
de esparto, de escocerme la entrepierta estoy harto".
"Calzoncillos
de esparto y te rascarás hasta quedar harto".














No hay comentarios:
Publicar un comentario